
Por Edmundo Hita Plats, empresario, filántropo e ideólogo de políticas públicas
Las experiencias recientes en municipios mexicanos muestran que la seguridad mejora cuando se combinan prevención social, participación ciudadana y coordinación institucional.
Estas acciones son cruciales para restablecer la seguridad en los espacios públicos. Tienen en común ser visibles, porque la gente nota que algo está cambiando. También son participativas. Es decir, no dependen solo de la policía. Son preventivas: actúan antes del delito, y son sostenibles, porque no requieren grandes presupuestos, sino constancia.
Estas son las seis acciones:
Programas de prevención del delito con actividades lúdicas, información clara y contacto directo entre ciudadanía y policía fortalecen la confianza y la denuncia. Esto fue clave en Tapachula, donde la estrategia se basa en reconstruir comunidad y promover la cultura de la prevención.
Crear o activar un Consejo de Seguridad Ciudadana con vecinos, instituciones y autoridades permite supervisar, coordinar y evaluar acciones de seguridad. Aguascalientes y Balcarce avanzaron con este modelo, que da continuidad y transparencia a las decisiones.
Programas como Jóvenes Unen al Barrio integran a jóvenes vulnerables en actividades comunitarias para evitar que caigan en dinámicas delictivas. Es una acción simple, pero de alto impacto: atender causas antes de que se conviertan en delitos.
La profesionalización, certificación y equipamiento adecuado de policías municipales es un factor decisivo. Nayarit ha logrado colocarse entre los estados más seguros gracias a esta línea de acción.
Iluminación inteligente, cámaras comunitarias y apps de denuncia ciudadana son herramientas que reducen tiempos de respuesta y disuaden delitos cuando se integran a una estrategia más amplia.
Modelos municipales de prevención recomiendan crear Redes Ciudadanas y trabajar con familias, especialmente con niñas y niños de 8 a 12 años, para reducir factores de riesgo desde el hogar.
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