
Susana Sánchez Segura
En México, hablar de obesidad sigue cargado de prejuicios, simplificaciones y estigmas. Sin embargo, la evidencia científica es clara: estamos frente a una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que exige una respuesta profesional, empática y basada en conocimiento actualizado. En el marco del Día Mundial de la Obesidad, esta realidad cobra aún mayor relevancia.
La inauguración del XV Congreso Nacional de Obesidad, Nutrición y Trastornos Metabólicos, organizado por el Colegio Mexicano de Obesidad y Nutrición, no solo reúne a especialistas de todo el país; también pone sobre la mesa uno de los mayores retos de salud pública en México: la necesidad urgente de transformar la manera en que se atiende y se previene la obesidad.
Las cifras son contundentes. De acuerdo con la ENSANUT 2022–2023, la prevalencia de obesidad alcanza al 37.3% de niñas y niños de entre 5 y 11 años, 41.1% de adolescentes y más del 70% de la población adulta. En adultos mayores, la cifra puede llegar hasta el 85%. En apenas dos décadas, esta condición ha aumentado cerca de un 60%, junto con enfermedades asociadas como diabetes, hipertensión, afecciones hepáticas y renales.
Frente a este panorama, resulta evidente que los enfoques tradicionales han quedado rebasados. La idea de que la obesidad se resuelve únicamente con “comer menos y moverse más” no solo es insuficiente, sino que contribuye a perpetuar una visión reduccionista que ignora factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales. Profesionalizar su atención implica, precisamente, romper con estos paradigmas.
Uno de los mayores obstáculos en este camino es el estigma. Las personas que viven con obesidad enfrentan discriminación en múltiples espacios, incluidos los servicios de salud. Este sesgo no es menor: puede retrasar diagnósticos, desalentar la búsqueda de atención médica y agravar condiciones clínicas. Además, tiene efectos profundos en la salud mental, como ansiedad, depresión y trastornos de la conducta alimentaria.
Por ello, profesionalizar la atención no solo significa actualizar conocimientos médicos, sino también formar al personal de salud en comunicación empática, libre de prejuicios, y en un enfoque integral centrado en el paciente. La dignidad y el respeto deben ser pilares fundamentales del tratamiento.
A la par, no se puede ignorar la dimensión estructural del problema. México se encuentra entre los países con mayor consumo de productos ultra procesados y bebidas azucaradas en el mundo. Este entorno alimentario, sumado a desigualdades en el acceso a alimentos saludables y espacios para la actividad física, configura un escenario que favorece el desarrollo de la obesidad.
En este sentido, la responsabilidad es compartida. Se requieren políticas públicas consistentes, como el etiquetado frontal, los impuestos a bebidas azucaradas y estrategias de educación nutricional, pero también una mayor conciencia social sobre la importancia de generar entornos más saludables.
El XV Congreso Nacional aborda temas clave como obesidad clínica, farmacoterapia, nutrición de precisión, microbiota, comorbilidades cardio metabólicas y psicología de la adherencia. Todos ellos apuntan a una misma dirección: la necesidad de una atención multidisciplinaria, sustentada en evidencia científica y protocolos estandarizados.
El llamado es claro. México no puede seguir enfrentando la obesidad con herramientas del pasado ni con prejuicios arraigados. La salud de millones de personas, y de las futuras generaciones, depende de la capacidad de asumir este desafío con seriedad, profesionalismo y humanidad.
Transformar la atención de la obesidad no es solo una tarea médica; es una responsabilidad colectiva. Solo así será posible pasar del estigma a la ciencia, y de la omisión a una verdadera estrategia de salud pública.

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