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Fiestas Patrias y hambre emocional: 18% de los mexicanos cocina por “apapacho”

En México, las Fiestas Patrias son sinónimo de reunión, alegría y, por supuesto, de esa comida tradicional que tanto nos
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En México, las Fiestas Patrias son sinónimo de reunión, alegría y, por supuesto, de esa comida tradicional que tanto nos reconforta. Sin embargo, el entorno festivo también puede ser un catalizador del hambre emocional, uno de los múltiples factores que contribuyen a la prevalencia de la obesidad en el país. Según un estudio sobre hábitos de consumo, el 18% de los mexicanos cocina como un “apapacho” o recompensa para sentirse mejor, lo que puede convertir al banquete patrio en una vía para gestionar nuestras emociones.

En estas fechas, la mesa se convierte en el centro de la celebración. Compartir platillos típicos con familiares y amigos no solo alimenta el cuerpo, sino que, como coloquialmente decimos, también alimenta el alma. Y, sin darnos cuenta, esa conexión emocional puede llevarnos a comer más por el deseo de prolongar el sentirnos bien, que por hambre real.

La Dra. Carmen Celeste Rosas, gerente médico de Obesidad en Merck México, explica que “el hambre emocional se refiere a comer en respuesta a emociones como estrés, ansiedad, tristeza, aburrimiento, celebración, aun cuando no exista hambre física. En esta temporada, la presión por organizar las reuniones o la ansiedad social por convivir y ser parte del ambiente festivo, así como la alta palatabilidad de nuestros platillos tradicionales pueden detonar ese impulso”.

En general, el 71% de los mexicanos busca que la comida sea deliciosa cada vez que cocina; sin embargo, la combinación de aromas, sabores, texturas, disponibilidad y significado cultural pueden hacer que ciertos alimentos resulten especialmente atractivos durante las celebraciones.

“Celebrar genera emociones placenteras y, para algunas personas, puede aumentar el deseo de continuar comiendo. En esos momentos, no siempre comemos por hambre real, sino también por el placer de compartir y alargar una experiencia significativa. Reconocerlo permite tomar decisiones con mayor conciencia y sin culpa”, agrega la experta.

No obstante, responder de forma continua al apetito emocional durante estas festividades tiene un impacto directo en la salud. La sobreingesta de platillos de alta densidad calórica genera un exceso de energía que el organismo no alcanza a utilizar, traduciéndose en un incremento progresivo de peso. Cuando esta dinámica se repite de manera inconsciente, la acumulación de tejido graso se convierte en un factor clave para el desarrollo de la obesidad.

La buena noticia es que durante las Fiestas Patrias no es necesario privarse de la riqueza gastronómica ni reprimir la convivencia. La comida mexicana es rica, diversa y puede ser profundamente nutritiva cuando la disfrutamos con presencia. Identificar si el impulso de comer proviene del hambre física, del estrés acumulado o del simple deseo de pertenecer es el primer paso para disfrutar de nuestras tradiciones de forma libre, consciente y saludable.

De ahí la relevancia de que los profesionales de la salud aborden el tratamiento de la obesidad desde una perspectiva integral. Reconocer el papel de los factores socioculturales en el desarrollo de esta condición permite a los especialistas diseñar estrategias de acompañamiento más empáticas, realistas y sostenibles a largo plazo.

Recomendaciones para el tratamiento periodístico sobre la obesidad

Utilizar lenguaje centrado en la persona: Emplear expresiones como “personas que viven con obesidad” en lugar de etiquetar a los individuos como “obesos”.

Eliminar recursos visuales estigmatizantes: Evitar tomas de cuerpos sin rostro, enfoques exagerados a alimentos de alta densidad energética y el uso repetitivo de clichés como básculas o cintas métricas.

Promover una representación digna, empática y respetuosa: Seleccionar imágenes que reflejen la diversidad corporal de forma neutra y realista, mostrando a las personas en su vida diaria (trabajando, estudiando o en familia) y evitando enfoques que reduzcan su realidad a un momento aislado o a una condición física que perpetúe prejuicios.

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