
Aurora Vargas
Fotos: CORTESÍA OCESA
La bachata encontró en el Palacio de los Deportes una noche para cantar al amor, al desamor y a esas historias que parecen no terminar nunca. Romeo Santos y Prince Royce compartieron sus repertorios en la gira Mejor Tarde Que Nunca, un encuentro entre dos de los nombres más reconocidos del género que reunió canciones conocidas por varias generaciones.
La noche avanzó entre guitarras, letras de despecho y coros que se mezclaban con las voces de los artistas. El público no tardó en sumarse a temas como La Diabla, Recházame, Odio, Propuesta Indecente y Obsesión, mientras que canciones como Darte un Beso, Corazón Sin Cara y Las Cosas Pequeñas llevaron el concierto hacia su lado más romántico.
Más que una lista de éxitos, el repertorio mostró cómo la bachata ha cambiado con el paso de los años sin perder aquello que la hace reconocible: las historias personales, las emociones a flor de piel y las ganas de cantarlas en voz alta.
Romeo Santos ha construido una carrera que combina las raíces de la bachata con sonidos del pop y el R&B. Su manera de contar historias de deseo, infidelidad y relaciones complicadas le ha dado un sello propio, reconocible tanto en sus canciones como sobre el escenario.
Prince Royce, en cambio, ha encontrado buena parte de su identidad en la bachata romántica. Desde sus primeros éxitos, canciones como Stand by Me y Corazón Sin Cara lo acercaron a un público que ha seguido su evolución musical.
Aunque cada uno tiene su propio estilo, ambos comparten una forma de conectar con la gente a través de canciones que hablan de experiencias comunes. Esa coincidencia fue uno de los puntos de encuentro de una noche en la que sus repertorios dialogaron sin perder personalidad.
La selección musical también dio espacio a temas como Better Late Than Ever, El Clavo, Ella Quiere Beber e Imitadora, que aportaron distintos matices al recorrido. Entre canciones románticas y otras de mayor intensidad, el concierto mantuvo presentes las distintas facetas de un género que ha sabido conquistar nuevos públicos.
En las butacas y los pasillos, las canciones se convirtieron en recuerdos compartidos. Hubo parejas que encontraron el momento para bailar, amigos que cantaron juntos y seguidores que reconocieron en cada tema alguna historia propia. Es parte de lo que sucede con la bachata: sus letras hablan de situaciones íntimas, pero al cantarlas en grupo se vuelven una experiencia colectiva.
La música de Romeo Santos y Prince Royce también refleja el camino que ha recorrido la bachata dominicana hasta convertirse en un género con presencia internacional. Su evolución ha incorporado nuevas influencias y sonidos, pero mantiene en el centro las relaciones humanas y las emociones que las acompañan.
Con Mejor Tarde Que Nunca, ambos artistas reunieron canciones que han marcado sus trayectorias y que siguen encontrando eco entre sus seguidores. En el Palacio de los Deportes, la bachata volvió a demostrar que algunas historias, por más que pase el tiempo, siempre encuentran una voz dispuesta a cantarlas.

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