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GOBIERNO DE CALIDAD/ La nueva alfabetización

Por Jorge Manrique, Rector del Colegio Jurista y director general de Gobierno de Calidad, consultoría de políticas públicas Durante siglos,
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Por Jorge Manrique, Rector del Colegio Jurista y director general de Gobierno de Calidad, consultoría de políticas públicas

Durante siglos, alfabetizar significó enseñar a leer y escribir.

Aquella transformación modificó economías, abrió oportunidades y permitió que millones de personas participaran activamente en su sociedad. Hoy vivimos un momento similar. Solo que el nuevo abecedario no está compuesto por letras, sino por datos, plataformas digitales, inteligencia artificial y servicios financieros cada vez más virtuales.

Mientras la población envejece, emerge una realidad que las universidades ya no pueden ignorar: millones de personas enfrentan una nueva forma de exclusión.

No se trata de la falta de educación tradicional. Se trata de la imposibilidad práctica de desenvolverse en un entorno cada vez más digital.

Pagar servicios, administrar inversiones, solicitar créditos, proteger cuentas bancarias o identificar fraudes son actividades que migran aceleradamente hacia plataformas tecnológicas. Sin embargo, para una parte importante de la población, cada avance representa también una fuente de incertidumbre.

Existe una reticencia natural frente a la innovación. No es ignorancia. Es una respuesta humana comprensible ante la posibilidad de equivocarse.

Quien durante décadas realizó operaciones bancarias en una sucursal física puede sentirse vulnerable frente a una aplicación móvil. Quien aprendió a administrar su patrimonio mediante métodos tradicionales puede percibir las plataformas digitales como entornos complejos y poco confiables. Y quien escucha diariamente noticias sobre fraudes informáticos encuentra razones adicionales para desconfiar.

Este fenómeno plantea una pregunta urgente para las universidades: ¿cuál debe ser su papel en esta transición?

La respuesta es sencilla y profunda al mismo tiempo.

Deben convertirse en los grandes centros de alfabetización digital de la sociedad.

No únicamente para sus estudiantes. Para todos.

Las universidades poseen algo que ninguna plataforma tecnológica puede ofrecer por sí sola: credibilidad. Son espacios donde el conocimiento se construye con rigor, se transmite con método y se acompaña con sentido crítico. Precisamente por ello están llamadas a desempeñar un papel decisivo en la formación de ciudadanos capaces de participar en la economía digital.

Pero para lograrlo deben ampliar su visión tradicional.

La alfabetización digital ya no puede limitarse a enseñar el uso de herramientas informáticas. Debe incluir competencias financieras, comprensión de riesgos tecnológicos, protección de datos personales, identificación de fraudes digitales y aprovechamiento responsable de la inteligencia artificial.

También deben desarrollar programas para adultos mayores, empresarios, trabajadores en proceso de reconversión laboral y ciudadanos que simplemente necesitan adquirir confianza para desenvolverse en nuevos entornos.

La clave no está en enseñar tecnología. La clave está en enseñar confianza.

 

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