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GOBIERNO DE CALIDAD/ La vocación del abogado

Por Jorge Manrique, Rector del Colegio Jurista y director general de Gobierno de calidad, consultoría de políticas públicas Pocas profesiones
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Por Jorge Manrique, Rector del Colegio Jurista y director general de Gobierno de calidad, consultoría de políticas públicas

Pocas profesiones conservan simultáneamente prestigio, influencia social y relevancia económica como el Derecho.

Cada año miles de jóvenes ingresan a las facultades de Ciencias Jurídicas atraídos por una combinación de factores difícil de encontrar en otras disciplinas: posibilidades de crecimiento profesional, diversidad de campos de especialización, reconocimiento social y una participación directa en las decisiones que impactan la vida de las personas.

Ni siquiera las recientes reformas legales disminuyen ese interés.

La razón es sencilla. Las leyes cambian. La necesidad de comprenderlas, aplicarlas e interpretarlas permanece.

Sin embargo, la verdadera pregunta no es por qué estudiar Derecho. La pregunta correcta es: ¿Quién tiene auténtica vocación para ejercerlo?

Porque no todo estudiante atraído por la profesión está llamado a desempeñarla con plenitud.

A diferencia de otras carreras, el abogado rara vez trabaja con objetos. Trabaja con personas. Con sus desacuerdos, expectativas, miedos, patrimonios, libertades…y también con sus tragedias.

Por ello, la primera señal de vocación jurídica no es la facilidad para memorizar leyes. Es el interés genuino por comprender la conducta humana.

Quien desea estudiar Derecho debería sentirse atraído por las preguntas complejas. ¿Por qué surgen los conflictos?, ¿Cómo se construyen los acuerdos?, ¿Qué significa la justicia?, ¿Cómo equilibrar intereses opuestos?

Existe una característica que suele repetirse entre los mejores abogados. Les gusta pensar. No únicamente estudiar. Pensar. Disfrutan analizando problemas desde distintos ángulos.

Cuestionan argumentos, buscan contradicciones, exploran alternativas.

La ley proporciona herramientas, pero el pensamiento jurídico permite utilizarlas. Por ello, la capacidad analítica suele ser mucho más importante que la memoria.

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